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Reflexiones sobre la recuperación económica y las tensiones cambiarias

Leé el informe completo aquí.


RESUMEN EJECUTIVO.


La recuperación económica que comenzó en mayo fue heterogénea y los diferentes sectores de actividad no evolucionaron al mismo ritmo. Como consecuencia de la continuidad de la pandemia, aunque con medidas menos restrictivas, los sectores de servicios evolucionaron más lentamente que aquellos vinculados a bienes. Por otro lado, la heterogeneidad señalada no sólo se vio en la evolución de la actividad de los diferentes sectores sino también en el mercado de trabajo. Así, las ramas de actividad que mostraron una mayor pérdida de puestos de trabajo fueron las ligadas a servicios con mayor contacto entre personas. Los jóvenes (y sobre todo las mujeres jóvenes) también han sufrido más las consecuencias de la pandemia en sus posibilidades de encontrar empleo o mantener el que ya poseían, dificultad que ya se observaba previamente. La evolución de los salarios también mostró divergencias importantes desde la irrupción de la pandemia. Aún hay una importante incertidumbre respecto a los drivers de la recuperación y una de las mayores incógnitas será la respuesta de la demanda interna, condicionada por la heterogénea evolución del empleo y los salarios.


Las condiciones del sector externo se mantuvieron favorables durante todo el primer semestre de 2021. Los altos precios de los commodities a nivel global, sumados a una liquidación récord por parte del Agro permitieron un superávit comercial de bienes muy importante, a pesar de la rápida recuperación de las importaciones. Las divisas de este superávit externo, dadas las fuertes restricciones cambiarias, no pueden terminar en la cartera del sector privado, sino que son compradas por el BCRA. Sin embargo, durante el primer trimestre del año, esta compra de divisas no tuvo como contrapartida el crecimiento igual de las Reservas Internacionales. Consideramos que el gobierno está siendo cauto en este sentido y que, aprovechando las condiciones externas favorables, incluso plasmadas en las brechas cambiarias, priorizó la acumulación de Reservas por sobre la flexibilización de los controles cambiarios. El segundo semestre puede ser más desafiante. No solo por el impacto de la recuperación de las importaciones, sino también por los vencimientos con el FMI y las presiones sobre los mercados paralelos que supone el calendario electoral. Por otro lado, y más importante, las exportaciones podrían sufrir un impacto negativo tanto por precios como por cantidades.


Estos riesgos, sin embargo, podrían encontrarse con un mayor espacio de política económica. Por el lado de la política fiscal, una recuperación económica si se mantiene el ritmo acelerado de vacunación permitiría un impulso a la recaudación y reduciría los riesgos de requerir un mayor gasto para paliar el impacto negativo de la pandemia y la cuarentena. A esto se suma la mejora en el financiamiento vía mercado local de bonos en pesos, impulsada tanto por un Tesoro más agresivo como por políticas activas por parte del BCRA. Gracias a estos factores se mantendría el sendero de menor asistencia monetaria de este año y, con ello, la menor presión sobre los tipos de cambio paralelos. Por último, el game changer es aún la negociación con el Fondo Monetario Internacional.


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